lunes, 4 de junio de 2012

Eurovisión 2012

No quiero engañar a nadie. Me he visto en la obligación de publicar algo ante el temor de que me cierren el blog.
No quiero abandonar, pero no he tenido inspiración ni tiempo.
Muchos habéis acudido, como todos los años, a la cita más esperada el  FESTIVAL DE EUROVISIÓN.
Este año tengo que decir que nuestra representante española, Pastora Soler, ha estado soberbia. Una actuación, que superaba con creces a todos sus rivales y que me ha emocionado muchísimo.
 Hace tiempo que no lloró por las injusticias ni me cabreo. Que podemos esperar de un país en el que una señorita totalmente arrítimica gana un concurso de baile y  que un pueblo vote por  los toros antes que dar empleo, en estos momento de crisis, es mejor ni pensar.
El Festival de este año ha ganado en austeridad y contención. Lejos quedan las extravagancias varias, los folklórismos, a excepción de las abuelas rusas, los fuegos artificiales, las puestas en escena con espectaculares cambios de traje, los golpes de efecto, las coreografías complicadamente elaboradas, las interpretaciones  que aunaban todas las artes en una, las baladas pareja romántica, las ranciadas, las acrobacias, las gasas al viento, alguna hubo. En definitiva, un poco soso para mi gusto.
Quizá Turquía se ajuste más a lo que yo pido en un Festival de Eurovisión. Digno de una buena bolsa de patatas fritas, aceitunas rellenas con anchoa, cacahuetes y cocacola.



Pero no han sido estos chicos murciélagos-marineros los que me han sacado una carcajada sino La Mandinga de Rumanía, con el moon-walker del gaitero escocés. Pocas cosas más incompresibles se han visto hasta ahora.